El respaldo alto recibió primero la funda; luego, espumas en hendiduras y vapor ligero para suavizar pliegues. Cojines mostaza aportaron contraste controlado. Marta notó que las visitas preguntaban si era sofá nuevo. Lo más valioso: la funda lavable resolvió accidentes de café, mantuvo el color estable, y prolongó la vida del tapizado original aún intacto debajo protegido.
Tras limpiar y marcar ejes, el vinilo se aplicó con técnica húmeda para alinear vetas. Los bordes se cortaron al ras con cúter nuevo, pasando espátula de fieltro en ángulos suaves. El acabado reflejó la luz y elevó plantas y libros. Marta comenta que fotografía mejor, y el mantenimiento se reduce a un paño tibio semanal, muy rápido y eficiente.
Un perfil autoadhesivo dorado cepillado recorrió cantos frontales, repitiendo la línea de las patas y dialogando con tiradores existentes. Los ingletes cerraron perfectos gracias a una guía casera de cartón rígido. El mueble ganó presencia sin verse recargado. Cada borde ahora parece un marco, dirigiendo la mirada y uniendo piezas distintas en un lenguaje visual realmente coherente impactante.